Estrategia omnicanal

El coste real de no controlar tus canales

La Gran Manzana Lab — Cuando los datos llegan tarde, las decisiones llegan peor.

Juan García
3 de Dic de 2025
6 min. lectura
Control canales ecommerce LGM Lab – arquitectura omnicanal con BCEcopilot

Cuando vender no significa ganar

Durante años, el ecosistema digital repitió el mismo mensaje: hay que estar en todos los canales.
Y muchas marcas lo hicieron. Entraron en Amazon, abrieron Miravia, firmaron acuerdos con Carrefour Marketplace, reforzaron distribuidores, mantuvieron retail físico. La expansión parecía sinónimo de progreso.

Hasta que un día descubrieron algo incómodo: estaban en todas partes, pero no controlaban nada.

El problema no es la multicanalidad. El problema es lo que ocurre cuando cada canal empieza a operar con su propia lógica, sus propios incentivos y su propio ritmo. Ahí es donde la marca pierde coherencia. Y cuando pierde coherencia, el margen empieza a diluirse.

Donde realmente se escapa el margen

La pérdida de control rara vez se manifiesta de forma abrupta. No aparece en un único indicador ni se detecta en un dashboard con una alerta visible. Se produce de manera acumulativa, a través de pequeñas decisiones que, vistas por separado, parecen razonables.

Una promoción diseñada para sostener el ranking en un marketplace puede debilitar la percepción de precio en retail. Un distribuidor que ajusta tarifas para proteger su rotación puede erosionar el posicionamiento global. Una campaña con buen volumen puede no sostener el margen real cuando se integran comisiones, costes logísticos y presión promocional.

Nada de esto es necesariamente un error. El problema es la ausencia de una arquitectura que conecte estas decisiones entre sí. Sin esa visión sistémica, el margen no desaparece por mala gestión, sino por desalineación estructural.

La empresa vende más, pero el beneficio no crece al mismo ritmo. Y cuando la cuenta de resultados no acompaña al volumen, la causa no suele ser un fallo puntual, sino una falta de coherencia estratégica entre canales.

Cuando los canales marcan el ritmo

El entorno competitivo actual intensifica esta dinámica. Amazon optimiza constantemente sus algoritmos, nuevos marketplaces presionan precios y acortan ciclos de producto, y los grandes retailers digitales adoptan modelos híbridos que combinan venta directa y marketplace. Cada actor introduce su propia lógica operativa.

En ese contexto, si la marca no define con claridad el papel que debe desempeñar cada canal, el riesgo es evidente: las decisiones empiezan a tomarse en función de presiones externas y no de criterios internos. El pricing se ajusta para responder a dinámicas de ranking, el catálogo se reorganiza para favorecer rotaciones específicas y la inversión se redistribuye según urgencias coyunturales.

La consecuencia no es inmediata, pero sí profunda: la empresa deja de actuar desde una estrategia unificada y pasa a gestionar fragmentos.

La marca —que debería dirigir la orquesta— termina reaccionando a una sinfonía que no compuso.

El coste invisible: la toma de decisiones tardía

Uno de los efectos más relevantes de esta fragmentación es la toma de decisiones tardía. Cuando los datos no se leen de forma integrada, el impacto se detecta después de que ya haya producido consecuencias.

El margen se revisa cuando ya se ha erosionado. El stock se ajusta cuando la rotura ha afectado al posicionamiento. La inversión se corrige cuando el presupuesto ha sido comprometido bajo premisas incompletas.

En ecommerce, el tiempo es una variable estratégica. No se trata únicamente de acertar, sino de hacerlo a la velocidad adecuada. La lentitud no suele derivar de falta de información, sino de la ausencia de un sistema que conecte esa información con decisiones ejecutables.

Recuperar la posición de la marca

Controlar los canales no significa reducir presencia ni renunciar a oportunidades. Significa establecer una arquitectura clara donde cada canal tenga una función definida dentro del conjunto. Unos pueden priorizar volumen, otros margen, otros posicionamiento o aprendizaje del cliente. Pero ninguno debería condicionar al sistema completo sin una decisión consciente.

Cuando la marca recupera esa visión integradora, el margen deja de ser una consecuencia imprevisible y vuelve a convertirse en una variable gestionable. Las promociones se diseñan con impacto global en mente. El pricing responde a una lógica coherente. La logística acompasa la estrategia en lugar de reaccionar a ella.

El enfoque Brand Commerce Everywhere parte precisamente de esta premisa: el centro no son los canales, sino la marca. Y los canales deben operar como extensiones coordinadas de una estrategia común.

La Gran Manzana Lab como sistema operativo de control

LGM Lab no aparece para “mejorar marketing” ni para “gestionar marketplaces”.
Eso es demasiado pequeño para el problema real.

Nacemos para que la marca recupere su posición en el tablero.

Porque los canales no deberían actuar como islas, sino como extensiones coherentes de una misma estrategia.
El margen merece volver a ser un activo, no una apuesta.
Los datos tienen que conversar, no coexistir en silencio.
Y las decisiones, llegar en el momento exacto en que la marca las necesita.

Ese es el papel del enfoque Brand Commerce Everywhere (BCE):
volver a unir todo lo que el mercado fragmentó.

¿Qué resuelve BCEcopilot?

Margen real

Pricing dinámico por competitividad

Demanda anticipada

Logística optimizada

Ads conectados a beneficio

Alertas de fugas de margen

BCEcopilot: cuando el margen deja de ser un misterio

BCEcopilot no te dice “cómo vas”.
Te dice por qué vas así y qué tienes que hacer mañana.

Esto es lo que controla:

  • Rentabilidad por SKU y por canal.
  • Elasticidad de precios en tiempo real.
  • Fugas de margen entre marketplaces y retail.
  • Cobertura de stock y rotación futura.
  • Relación entre inversión y beneficio real.
  • Impacto de cada país, cada tarifa y cada modelo logístico.

Sin esto, la marca está adivinando.
Con esto, la marca dirige.

Vender no es lo mismo que crecer

La expansión multicanal puede impulsar la facturación, pero si no existe control estructural, también puede diluir la rentabilidad y la coherencia estratégica. El coste real de no controlar los canales no siempre se percibe en el corto plazo. Se manifiesta en la pérdida progresiva de margen, en la dificultad para anticipar y en la incapacidad de sostener una dirección propia.

Cuando los canales dictan el ritmo, la marca se limita a seguirlo. Y seguir no es crecer; es sobrevivir dentro de dinámicas ajenas.

La cuestión no es cuántos canales están abiertos.
La cuestión es si todos responden a una misma estrategia.

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